La vivienda no es un fenómeno meteorológico: Radiografía de una crisis política y de desigualdad
La vivienda no es un fenómeno meteorológico: Radiografía de una crisis política y de desigualdad
El problema de la vivienda en España no es una catástrofe natural frente a la que solo quepa abrir el paraguas. Es el resultado de una ingeniería política y financiera perfectamente engrasada. Así lo expone Javi Gil, investigador del CSIC, doctor en Sociología y autor del libro Generación inquilina, quien desmiente la narrativa de la escasez para apuntar hacia una crisis de desigualdad y acumulación de la propiedad.
Con más de 40 desahucios diarios en el país y una rentabilidad especulativa disparada, el mercado inmobiliario se ha convertido en el principal refugio del capital internacional, enfrentando a una nueva generación de caseros con una generación de inquilinos.
El origen del modelo: Del franquismo al neoliberalismo
La actual estructura de la vivienda en España hunde sus raíces en la dictadura franquista. En los años 50, el ministro de Vivienda José Luis de Arrese sentenció: "No queremos un país de proletarios, queremos un país de propietarios". El objetivo era desactivar la organización obrera que florecía en los nuevos barrios industriales formados por la migración rural. Convertir a la clase trabajadora en propietaria diluía su potencial revolucionario.
Décadas más tarde, figuras como Margaret Thatcher y Ronald Reagan globalizaron esta estrategia. El neoliberalismo impulsó un proceso de desposesión de la clase trabajadora, debilitando el Estado de bienestar y la capacidad de negociación sindical. A cambio, se ofreció crédito barato. La promesa de que el precio de la vivienda nunca caería generó un espejismo de clase media, anclado en la propiedad, que terminó saltando por los aires en 2008.
Hoy, ante la dificultad del capital para encontrar rentabilidad en otros sectores debido a los avances tecnológicos, el dinero especulativo ha recalado en el mercado del alquiler español.
"Un fondo normal con poco riesgo te da un 3% de rentabilidad; una vivienda te da un 16%", se señala en la entrevista. Gil confirma que, entre 2013 y 2019, la entrada de dinero especulativo extranjero fue masiva. "Ni la bolsa, ni la deuda, ni las criptomonedas: invertir en vivienda en alquiler en España".
La inacción del Gobierno y el poder de las plazas
Frente a un panorama donde el esfuerzo para pagar un techo devora entre el 50% y el 60% del salario —lo que deja obsoletos los índices actuales de vulnerabilidad legal—, las soluciones políticas son esquivas. Gil señala directamente la responsabilidad del PSOE en el Gobierno, acusándolo de presentar normativas fragmentadas para que socios conservadores como Junts las tumben en el Congreso. Contrasta esta tibieza con la contundencia de Mariano Rajoy en 2012, quien modificó múltiples leyes para allanar la entrada de los fondos de inversión.
Ante la parálisis parlamentaria, la legitimidad se traslada a la calle. Desahucios dramáticos como el de Maricarmen se han convertido en símbolos del hartazgo social. Las acampadas en la Puerta del Sol y las movilizaciones impulsadas por el Sindicato de Inquilinas y las Plataformas de Afectados por la Hipoteca (PAH) constatan una fractura profunda entre las instituciones y la sociedad. Lo que hasta hace poco parecía intocable, hoy cristaliza en exigencias de huelgas de alquileres y huelgas generales por la vivienda, alterando el sentido común de lo que es políticamente aceptable.
El peligro de la fractura civil y el auge de la extrema derecha
La crisis habitacional plantea una encrucijada que trasciende los contratos de arrendamiento. Gil advierte sobre la estrategia de transformar un conflicto de clases —que exigiría redistribuir la riqueza y la propiedad— en un enfrentamiento civil. Narrativas cotidianas que culpan de la crisis a la población migrante o a los jubilados buscan fragmentar a la clase trabajadora y proteger el rentismo.
La historia reciente demuestra que las políticas tibias en materia de vivienda actúan como fertilizante para la extrema derecha, canalizando el malestar de la población precarizada. La alternativa real, argumenta Gil, requiere una intervención profunda. Ejemplos como las propuestas de la izquierda en Berlín (Die Linke) para expropiar a los grandes fondos, o las medidas en Estados Unidos para congelar precios y aumentar impuestos a los grandes patrimonios inmobiliarios, marcan la línea de flotación de este conflicto. La manera en que España resuelva esta crisis no solo definirá el acceso a un techo, sino el modelo de sociedad, democracia e igualdad de las próximas décadas.